Sueños

Carla se despertó pero no abrió los ojos aún. Le picaba la espalda. El olor a tierra húmeda le llegó al tiempo que la removía con su mano izquierda. Se había quedado dormida en el parque.

De nuevo ese resplandor de luz, ese haz que se había colado entre sus párpados cerrados y que seguramente la había despertado. Abrió los ojos.

La luz ya no estaba, solo el resplandor lejano de las estrellas y el de las farolas fuera del parque reflejado en el agua del lago, le permitían avistar la orilla y el vacío cercado. Ni idea de la hora que era, había olvidado el reloj en algún lugar.

Un extraño bicho pasó a velocidad supersónica por delante suya, Carla asustada, se levantó rápidamente protegiéndose el rostro, pero para cuando volvió a mirar ya no había nada… excepto ese extraño resplandor de nuevo, allí tras los árboles.

Se acercó precavida mientras recordaba las recomendaciones de su madre “ten cuidado, la noche es peligrosa”, “vuelve pronto a casa”, “tu madre se preocupa por ti…”, “…si a ti te ocurriera algo…¿Qué sería de mi?”,  “no te acerques al bosque…” (…) Carla se paró en seco en mitad de su camino observando atentamente el resplandor blanquecino rosado, era sumamente extraño quería saber de qué se trataba. Se le secó la boca y avanzó en un tímido paso. La luz brilló en un halo de mayor intensidad y Carla se decidió. A medida que avanzaba la voz de su madre se hacía más y más inaudible y su coraje, aumentaba.

Los últimos pasos los recorrió corriendo, se agarró al árbol que hacía de barrera entre ella y esa luz para frenar su velocidad, se asomó para ver la fuente del misterio:

Se trataba de una pequeña mariposa, que parecía estar aguardándole.Cuando esta notó la presencia de la sorprendida Carla, se agitó nerviosa en el aire y huyó bosque adentro.

– ¡Ey! ¡Espera! -gritó Carla al bichito luminoso que sin pausa bordeaba los árboles con gran agilidad, esta titubeó un segundo y la siguió.

El bosque, tal y como le había advertido su madre, era peligroso. Apenas al comenzar a perseguir a la mariposa, se hizo un arañazo en la rodilla, otro en el pecho y otro en la cara, el vestido se le rompió y el pelo se le enganchó entre las ramas bajas, pero ella no se rindió ¿cuántas veces más en la vida vería una mariposa luminosa?

Atravesó tramos donde la arena viscosa le llegó hasta los tobillos, sitios donde le picaron multitud de insectos y donde los ruidos amenazantes de las bestias nocturnas le hicieron encogerse en su fuero interno, pero todo era soportable pues aún siendo cauta con estos peligros, su objetivo era no perder de vista a la mariposa que parecía estar guiándola a alguna especie de camino. Todo era cada vez más oscuro, los ruidos de la civilización ya no se oían. Estaba segura de que no sabría volver desde ese punto.

De pronto, la tierra se volvió menos blanda y los árboles crecían más separados, un delicado fulgor azul y una extraña niebla baja la rodeó. Había llegado a una especie de claro donde olía a rosas y donde el agua de un pequeño manantial parecía estar echo de plata. Se acercó prudente y tocó el agua. Estaba a temperatura perfecta, se la llevó a la cara y limpió de su rostro la sangre, el sudor y el barro del camino, respiró hondo y observó la preciosa escena una vez más.

Giró la cabeza acordándose de pronto de la mariposa. Ya no estaba. O al menos ella no la avistaba, se levantó y decidida se adentró de nuevo en el bosque a buscarla, no sin antes echar un vistazo lastimero al manantial. Fuerte, continúo su camino, acordándose de su auténtico objetivo.

El bosque era más oscuro que nunca, había luces que no sabía que eran pero no eran su mariposa, la mariposa que la había guiado hasta allí ya no estaba, no la sentía ¿qué lugar era aquel? ¿Por qué había caminado hasta allí en mitad de la noche? ¿Por qué diablos no le había hecho caso a su madre? ¡Era inútil! ¡Inútil!

Ahora permanecería sola en medio del bosque hasta el amanecer… ¿Y si no amanecía?

Los ruidos del bosque y el aullar del viento le retumbaban en la cabeza, derrotada y asustada se sentó al pie de un árbol, no veía absolutamente nada. Una lágrima silenciosa calló por su mejilla, cerró los ojos y comenzó a llorar mientras escondía la cara entre las rodillas. No quería hacer mucho ruido, no quería atraer la atención de los animales de bosque.

Entonces, de repente el fulgor que le había llegado al principio, apareció de nuevo. Como la primera vez, sin abrir los ojos, lo notó. Era mucho más fuerte que antes. Subió los párpados pero la mariposa no estaba allí, lo que ahora brillaba eran sus lágrimas, sus propias lágrimas era de color blanquecino rosado…

Carla se levantó estupefacta mirándose las manos llenas de pequeñas gotas brillantes. La luz que estás desprendían le permitían ver todo su alrededor. Aún estaba en el bosque, pero este ya no era tan amenazante…

Inesperadamente, de nuevo apareció la mariposa volando despacio, como si quisiera que Carla la viera. Esta sonrío de alivio. Siguiéndola con la mirada, las lágrimas se disipaban pero la mariposa emitía suficiente luz para mantenerla a salvo, de hecho, había demasiada luz…

Carla miró hacia arriba. La copa del árbol donde había estado llorando tan solo hacía dos minutos antes, ahora estaba llena de mariposas brillantes como la que había seguido hasta allí.

Hacían un extraño ruido cantarín al batir las alas, parecía que estaban ahí para ella. Su mariposa, su guía, se unió al resto y se perdió entre la multitud de iguales.

Carla sonrió, había merecido la pena.

https://www.youtube.com/watch?v=kTwk0TsB5jM

Butterflies & dreams

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