. Rita .

Hace tiempo que la oigo cuando el sol se va y cuando la bruma de las sombras alcanza su máximo tope.

Al atardecer, entre medias que el sol nos abandona, una tierna niebla que se funde con el ambiente, se torna silenciosa e imprevista en mis ojos. Meneo la cabeza insistente pero ella nunca se va, pero tampoco se presenta…

Es como si estuviera esperando a que yo dé el primer paso. Es como si algo o alguien guardara una esperanza desde hace mucho tiempo, pero ¿por qué ahora? Huele a viejo, a polvo acumulado y a lavanda…demasiada lavanda.

Siempre me digo que al día siguiente me dejaré llevar, pero las sombras encojen mi ser y al final, termino enciendo las luces de toda la casa. Aun así cierro los ojos para escucharla, es débil pero la siento, la veo dentro de mí. Para cuando quiero volver y abrirme a la realidad, la niebla se ha disipado y la hora de los recuerdos se ha pasado.

Algún día se cansará ¿qué pasa si no vuelve? Hay trenes que no pasan dos veces…pero este tren parecía parar siempre en la misma estación, con una ruta fija, a la misma hora…en mi antigua sala de estar, llena de trastos y libros, entre las sillas y los sofás que ya no se usan, entre las cortinas estampadas de flores, entre los muebles, de allí, de las sombras que proyectaban las figuras de cristal  y porcelana que un día brillaron, con los últimos rayos del día, allí estaba…Ella.

— ¿Qué quieres? —le hablé a la niebla aquella noche entre susurros impacientes. Me sentía estúpida y nerviosa a la vez, sabía que la respuesta era inminente.

Sin embargo, no fue inmediata. Tal y como pesa el aire frío, que huye a los confines del suelo, una pequeña voz llena de matices de eco, apareció desde lo más profundo del habitáculo. Sabía que era ella.

—Estoy aburrida…

Conseguí escuchar.

— ¿Quién eres? —conforme preguntaba y con la cabeza a ras del suelo, buscaba el origen de la voz, pero extrañamente parecía provenir de todas partes, parecía nacer de mí. Pero no podía ser, eso era una locura.

—Soy Rita y solo podrás verme cuando dejes de tener miedo —explicó ella —. Llevo aquí demasiado tiempo y soy el vago recuerdo de alguien que vivió alguna vez en esta casa…

Me callé a expensas de que ella siguiera hablando, pero no dijo nada más.

Debes de estar enferma, pensé.

Me incorporé sobre mis rodillas y encendí la vela que llevaba, el resto de la casa era penumbra.

La niebla esta vez se fue poco a poco y justo antes de desaparecer la vi. Era diminuta, del tamaño de una ardilla, oscura y sonriente. Antes de desaparecer bajo uno de los muebles, me miró y con una boca llena de dientes afilados e inofensivos se despidió:

—Este juego va de abrir puertas… Pero si quieres acompañarme, tendrás que esperar hasta mañana. A Caroline, no creo que le guste.

Y desapareció, llevándose la niebla y mi cordura.

Pequeño ser de las Tinieblas ¿Qué es? Dice que es un vago recuerdo...
Pequeño ser de las Tinieblas ¿Qué es? Dice que es un vago recuerdo…

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