Ese día no era el día, Caroline.

—No debería habértela mencionado nunca…

Junto a la cristalera llena de gotas que se escurrían hacia arriba, que subían, Rita tenía esta vez una expresión triste y desolada. Me conmovió.

—Siento haberte gritado el otro día…

—Siento haber sido tan ingrata al preguntarte por algo delicado para ti.

Rita me miró (¿O no me veía y simplemente se dejaba oír por mi voz? Que más daba). Se quedó en silencio unos segundos mirando como la lluvia fuera se intensificaba.

Caroline no solía pedir perdón, ni tampoco solía dar las gracias…

—No es muy diferente de la gente que conozco entonces —le contesté. Yo también observaba pasmada como fuera la lluvia arreciaba.

Un rayo surcó el cielo bajo nosotras, muy cerca, e iluminó el habitáculo imposible, atestado de sombras.

Fue entonces cuando noté algo que no había notado nunca. Una mirada fija, algo taladrándome la nuca, odio, venganza y depresión a la vez, demasiados sentimientos negativos. Algo que se llevó toda la paz y desasosiego que la estampa de Rita me ofrecía. Rita  conseguía hacerme sentir muy bien, pero ahora Ella no parecía dominar ese espacio…había otra cosa, detrás de mí.

Giré mi cuerpo y vi como Rita se había acercado mucho y me negaba con la cabeza pausadamente.

—No la mires, no le gusta que hablemos de ella… —el susurro era violento, lleno de terror.

Tragué saliva y volví, asustada, la vista hacia la tempestad. Otro rayo surcó el cielo, el techo-suelo tembló.

Se me ocurrió el preguntar si Caroline era alguna especie de fantasma, pero al ver como mi pelo flotaba y como estaba tumbada sobre el techo de mi antigua salita de estar, me pareció ligeramente irrelevante.

—Así es como hay que afrontar el miedo… como si fueran fantasmas, fantasmas que no existen, que están ahí solo para fastidiarnos —sentenció Rita en mitad del silencio donde las gotas de lluvia volvían a cantar con su repiquetear de cristales y donde el silencio (junto con el peligro) había pasado a un segundo plano.

—Creo que te equivocas, prefiero mirarlo de frente —le debatí con valentía sin ni tan si quiera mirarla y con los ojos fijos en los cristales empapados. Casi al terminar de pronunciar esa frase, caí en la cuenta de que no había llegado a pronunciar nunca la palabra “fantasma”, era como si Ella estuviese dentro de mi mente, dentro de mí…

—He dicho que es forma de afrontar el miedo, no los problemas.

Se hizo un silencio triunfal sobre la antigua sala, nada que ver con el silencio anterior, este era calmado y triunfante. Siempre ganaba como una justiciera aplastante.

—Cuando nos conocimos… —comencé rompiendo la veda del logro —. Me dijiste que este juego iba de abrir puertas. No he visto ninguna puerta, todavía.

Como si le hubiera recordado algo muy importante, Rita se incorporó y retrocedió hasta la puerta de la habitación deslizándose por el blanco y sombreado techo. La perdí de vista un momento y cuando volví a respirar estaba a mi lado de nuevo.

—Hoy no es el día —dijo simplemente —. ¿Qué has aprendido?

—Pues, he aprendido que la gratitud es importante y que saber perdonar también lo es —dije enumerando con los dedos. Rita me miraba con sus vacías cuencas, como la quietud de una profesora que pregunta la lección —. Que el miedo es como un fantasma…y que hoy no es el día porque Caroline está aquí.

—Si no la recuerdas no vendrá, y cuando no venga, será el momento justo para abrir puertas, muchas puertas…

Conforme pronunciaba esas palabras la oscuridad parecía hacerse más y más grande, hasta que desapareció.

Ese día no era el día.

Caroline ¿Cómo será?

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