Deja de correr y echa un vistazo hacia atrás…

No hace demasiados días que paseaba por estos lares tal y como llevo haciendo varios años. Su calidez, su frescura, su risa, su juventud… todas esas cosas que el campus puede ofrecerte, las tenía a raudales.

Cuando de repente, la brisa del pasado inundó el amplio boulevard y un eco de voces conocidas llenó la ancha calle. Quise entonces mirar hacia atrás y entre otro atardecer, difuminado de niebla, se dibuja ostentosa la torre de mi facultad, de mi sueño y de mi futuro.

Viajé a un comienzo que se me tornaba cálido con más de 200 personas chispeantes en la, por entonces, AU (gigante) 6. Un comienzo adornado con aires otoñales que dejaba atrás la aridez del desolador verano de 2009.

Yo tenía muchos sueños, muchas fantasías (no más que ahora). Pero ninguna tan enorme como la que me pude encontrar en los trasfondos de aquella AU6, aupada entre la historia de la psique con Boyano, pasando por la percepción robótica Mauril, las calculadoras rebosantes de amor y ANOVAS de Wallace y el serendipity de los cánticos de la Señora Luna.

No me puedo imaginar cuan diferente hubiera sido si no le hubiese confesado a Vane mis más profundos deseos de ejercer el noble arte de la clínica tradicional de despacho que hoy tengo el gusto de practicar. Esto ocurrió tras la primera clase de psicobiología con super Mercedes (Bloque I: Introducción a la psicobiología). Por entonces, ya lo tenía claro.

Aun así probé la fruta prohibida de la investigación y la criminología, no os vayáis a creer.

No mucho más tarde, la clase de Atención y percepción (que estos últimos días me he visto obligada a rememorar una y otra vez ante mis conocidos por culpa del famoso #TheDress), nos vio obligados a buscar grupos de trabajo, y ahí estaban ellos.

Todavía recuerdo a Adri y a Anwar, almas perdidas y sin rumbo, uniéndose al maravillo grupo de super féminas de la psique (más tarde renombradas como “putitas de Freud”).

Adri, uno de mis grandes y maravillosos compañeros de viaje, iba vestido con un polo blanco, de esos con pico que le gustan a él para enseñar todo su trabajo como escultor de cuerpos de ensueño y sus vaqueros desenfadados. Por entonces no lo sabía, pero eso de los trabajos grupales era cosa de Adri y solo de Adri (“Ah, no si yo ya lo he hecho todo…”). Hoy puedo recordar con nostalgia las peleas a campo abierto por ver quien había hecho más. Guerra de cerebritos, Adri siempre ganaba. Adri Decano.

No puedo parar de recordar (últimamente) esas tardes (y mañanas, y noches…) en nuestra cafetería favorita, a esa que solíamos llamar “la cafetería de Turismo”, donde ponían esos bocatas tan buenos, donde solían pasar esos hombres tan apuestos y donde ya el mítico “Culo Prieto” se esmeraba por colocar las sillas y limpiar las mesas.

Las historias de San , la risa de Cristina, los dibujos de Lírika…y Ana.

No sé en qué momento comencé a sentir este cariño, tan jodidamente brutal, por esta mujer, pero quizás sea una de las mejores inversiones emocionales que he hecho en mi vida. Ana.

Las más darkys del lugar. Ana, llenando con su risa camionera las aulas rebosantes de explicaciones de sectas con Josemi. Nerds. Pero sexys.

Paulaners (“Clonk”), bludgers en la cabeza antes de los exámenes de metodología, llegar a la biblioteca y partirte el alma de risa hasta que te echen, rabo de moso en puchero (ah!), ¡tía, socorro!, estas son putas, ¡Sorry, I’m blind!, ¿Pero tú eres gay?FullSizeRender (5)

Miles de situaciones que reconocería y que hoy puede decirse que nos acompañan en las madrugadas más sombrías, aunque no les echemos demasiadas cuentas. En esta terraza, donde sopla el viento del pasado por el amplio boulevard y tú me preguntas si va a llover mañana…

“Uy, como me he puesto”…de un Aitor que llenaba de sol las tardes más lluviosas con sus “¿onde vá, canío?”, “La solipandi” ,“Nos vemo en er Macdonah”, “¡Esto es la hez!” y su mítico “Movement”, por siempre y “pa los restos”.

Donde una Olga me conquistó con su dulzura en el segundo menos tres de conocerla, sabiendo ya que íbamos a ser compañeras de por vida a lo “Sex and the City” y que nuestros futuros e indescifrables maridos no ganarían lo suficiente para satisfacer nuestros deseos sexuales y materiales. Porque somos muy hot.

Por entonces, abrí una puerta que no sabía las consecuencias que podría traerme. Por aquel entonces no lo sabía pero hoy sí lo sé, hoy sé que recuerdo aquellos días como si fueran hoy, porque hoy son yo. Esos días me han construido el alma.

Papas asadas antes de un examen con Pelegrina (y siempre).

   “Eso está muerto”

Paseos bajo las estrellas hablando de hombres confusos.

Lágrimas debajo del sofá azul cobalto.

¿Que vas a cenar esta noche? ¿Puré?“.

A-MA-RI-LLO.

Confesiones de lo más rotundas en las noches de primavera.

Llorar por ver sufrir a tus amigos y no poder hacer nada.

   “¡No hay quien apruebe Lenguaje, macho!”

No dormir por las confesiones de antes.

Destrozar una amistad, solo porque no se pueden retener los sentimientos.

   “Este va a ser el último…” dije aquella tarde de pesadilla mientras me mirabais llenos de pena al pie de la cama. Y lo fue.

Ángeles que te aceptan con tus miles de fallos.

Las fiestas de Ana.

Sorprenderte con lo bonitas que son algunas personas.

   “¡Tía, Tía! ¡La profesora se ha puesto a llorar y Sonia también, te lo has perdido!”

Los cafés horribles de 0.50 céntimos.

Esteve y su devoción por las camisetas de pico de Adri.

   “Es un muñeco de guapo”

Los bancos de mármol (donde todo empieza y todo acaba).

Tu mejor amiga se va a Noruega, se alinean los astros, y se convierte en el peor año de tu vida.

   “¿Quién es Álvaro? ¿El de la camioneta?” (“¡Que noooo Adri!”)

SAP.

Las maravillosas, simpáticas y adorables secretarias del centro ¡Muak! (Allbram).

   “Halloween, Navidad y mis episodios maniacos” La película.

Gritos de cabras desbocadas comiendo hierba en un recinto cerrado lleno de gente que nos miraba mal. Nosotras a lo nuestro.

   “Quien suspenda esto, debería de quitarse de la carrera…”

TEP.

TOC.

TAG.

Encontrar gente maravillosa a diez minutos antes de finalizar los estudios.

María, la dulce, Mavi la ídola y Pablo el bachatero.

   “¿Quién se hace amigo a dos días de terminar la carrera?”

Ahora de nuevo, tardes en la biblioteca llenas de risas.

Retomando los descansos en la cafetería (esta vez la de Psicología, nos hacemos mayores y barremos para adentro).

Hace poco leí: “El tiempo es un eje, todo gira. Todo vuelve”. Todo debe de volver intensamente, porque, aunque nuestra facultad no sea la mejor ni esté por serlo, cada día que la piso, lo vivo intensamente. En parte por la ciencia, en parte por ellos, por los recuerdos y por mí.

Desde hace algunos días, que dentro de años se convertirán en horas cuando suenen los ecos del pasado en el amplio boulevard, he tenido la desfachatez de asomarme a la siguiente puerta…

La facultad se queda atrás, dentro de mí, pero atrás.

Ha estado bien dejar de correr por un momento. Eso me recuerda a: “¿Corres porque te da miedo el oso? ¿O te te da miedo porque estás corriendo?” (Lazarus y Folkman, *Inserte año aquí*).

La luz que desprende la siguiente etapa, me honra, no soy digna (diría si fuese católica…), pero sí que soy digna. Lo que hay detrás de esa puerta, me es tan merecido y tan valioso, que no me va a costar nada dar el paso…hacia adelante.

Gracias.

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