Abismo de fuego

Allí estaba otra vez. En ese punto. En esa pared.

Su blancura intacta por los años, acunada por las trepidantes sombras de siempre, me hipnotizaban, me atrapaban.

Avanzo.

     Me choco.

Vuelvo atrás, con sangre en la frente, pero no importa.

   Tengo que avanzar.

Me vuelvo a chocar, más dolor, más sangre.

Así, hasta varios encontronazos. El flujo carmesí me cubre los ojos y ahora ya no puedo ver.

Por experiencia, sé que este es el punto exacto en el que me doy cuenta de donde estoy.

Miro hacia mi derecha, esperando encontrar esa puerta abierta algún día, pero esa puerta no es una opción. El olor de la liberación, de ser libre de elegir, de la tranquilidad y la paz,  se colaba entre las gruesas grietas de las piedras que la cubrían. Piedras que no ceden si las golpeas.

Fantaseo con un terreno agradable, cubierto de naturaleza y de sol. Fácil de recorrer.

Una vez más, me toca el camino de al lado.

     Nadie puede elegir.

Trago saliva y temblando, cubierto de sangre y de lágrimas, me doy la vuelta.

La luz que desprende el otro camino, me deslumbra, de admiración y terror.

Al mismo borde del abismo de fuego.fuego

Me incorporo, como ese hombre que soy (ese hombre que me han obligado a ser) y me asomo a mi destino.

Profundas y altas llamaradas de fuego recorren el camino. En medio, un puente de cuerda, fino y débil, guía de mis pasos desde el principio hasta el final.

Lo he cruzado de muchas formas: despacio, rápido, con confianza, sin ella…

Siempre se parte, claro. En algún punto, el puente que llega hasta la puerta del fondo (que a veces ya ni veo) se rompe, se casca, se rasga, se quiebra, se despedaza, se muere…

Y yo, caigo al fuego de abajo que no sé si es el fuego del infierno, pero abrasa y quema, castiga y oprime.

Evito llegar a ese punto, pero ¿Qué diferencia hay entre la pared y ese fuego infernal?

Es necesario pasar por ahí antes de llegar a la puerta de fondo. Nunca he cruzado el puente y sé que no lo voy a conseguir. Tampoco sé que hay en la puerta del fondo, pero la gente lo cruza y dice que se está bien, que tienes que llegar…

     Que llegues, joder.

Ante este pensamiento, el puente tiembla peligrosamente y sin ni tan si quiera haberlo tocado, los anclajes de cuerda desfallecen ante mí, y mi única opción de atravesar el fuego se parte justo al principio.

Ahora la opción era caer. Solo caer.

Miro por última vez hacia atrás. La puerta sellada con piedras, la pared infranqueable y la oscuridad de atrás…

     Es hora de saltar.

puertas-del-infiernoMe pongo de cuclillas para liberar presión (o para asimilar de nuevo el fracaso) y para mi sorpresa, veo como las pequeñas hebras rotas de la plataforma, comienza a enhebrarse unas con otras, obviando las altas temperaturas. Poco a poco (muy poco a poco), el puente se reconstruía. Si me quedaba el tiempo suficiente, podría (intentar) pasarlo.

Al sentarme en el  borde del abismo, observo el espectáculo. Esto nunca había pasado antes…

Una fuerte sacudida hace que me despierte en medio de la clase de matemáticas.

El profesor sigue explicando los logaritmos neperianos al igual que hace tan solo cinco minutos. Elsa me está mirando con burla desde la primera fila. Le sonrío y me froto los ojos.

Todo ha sido un sueño.

     El sueño.

Ahora podía entenderlo todo con más claridad. Sin duda, tras la puerta del fondo estaba ella esperándome con esa sonrisa, solo para mí. Era una de las pocas cosas que podía reconstruir el camino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s