La guardiana del bosque

Hubo una vez, en un tiempo tan lejano que ni la madre Tierra puede recordar, una niña de ojos cálidos y de rojizo pelo revuelto, tristemente apartada de la luz del sol.

La chica vivía en una mazmorra, lejos de la Naturaleza, de los valles, las montañas y los ríos y eso en parte, la entristecía cada día más. Preguntaba a su familia y amigos que si podía salir, si podía respirar otros aires que no fuesen polvo y humedad del interior de la gruta pero todos les decían que era peligroso, que enloquecía, que tenía pájaros en la cabeza.

La cosa era pues, que Paola no era tan infeliz, comía, bebía, jugaba y reía, pero una luz más potente que todas las cosas que había conocido, la empujaba hacia el exterior, llena de curiosidad.

Cierta noche, en la cual el Hada de la Arena aún no le había venido a visitar, saltó de su pequeña cama hecha de rocas y musgo y caminó descalza entre la oscuridad. Recorrió senderos de cabeza, sin miedo, solo oía el repiqueteo de su corazón aullar de emoción bajo su pecho.

Al final del camino, entre la penumbra, una pequeña brisa le paseó por los tobillos ¿qué era aquello?

Volvió a pasar.

Eran como cosquillas…

La estancia había caído en el silencio más absoluto, aunque su respiración continuara vagando entre el eco de las tinieblas. Paola continuó caminando unos metros más, todo se aclaraba.

La brisa que antes le acariciaba los tobillos ahora deambulaba por su rostro, peinándole su alborotada melena hacia atrás. Dejó escapar una inusual risa de placer mientras salía de la cueva a un bosque bañado por la media luz del amanecer. Aquello que tanto le había gustado, se llamaba Viento. Y eso que estaba pisando era la Tierra. En la distancia, el ruido de una cascada imponente le hacía pensar en Agua y allí a lo lejos en una cabaña de madera, escondida entre los pinos, había Fuego.

Paola.jpg

Feliz sin límites, Paola casi danzó por la hierba del bosque, dejando que su pelo se entrelazara entre las hojas de los arbustos más altos. Se sentía tan plena, tan realizada, tan liberada…

Se acercó a la cabaña con divertido sigilo y espió desde la ventana. Una vieja, con cara de aburrida, hacía sus avíos sobre el imponente fuego de una hoguera. Esta se estremeció ante el rocío de la mañana al ver tal escena, y es entonces cuando de repente, sin sentirse una extraña, aporreó la tosca puerta de la cabaña. Un silencio ficticio se alzó, todo el bosque parecía estar observándola.

La viejecita abrió la cancela con lentitud, aunque cuando vio el rostro de la risueña niña, no dudó en hacerla pasar.

— ¿Por qué has tardado tanto, niña?

— ¿Usted me conoce?

—Todos aquí arriba te conocemos, pequeña. Eres la profecía —desveló la vieja ofreciéndole a la niña un burdo tronco para que se sentara.

—Pero, no la entiendo… —confesó Paola —. Yo venía a pedirle una poción para ser así de feliz siempre. Allá abajo se habla mucho de usted.

—Querida, puedo hacer muchos remedios, pero ninguno que te haga ser tan feliz como ahora mismo… —reveló la anciana con una sonrisa que solo dejaba entrever su encía sin dientes.

—Pero, ¿qué tengo que hacer entonces? No quiero perder a mi familia y amigos…

—Hay veces cielo, en los que una tiene que elegir su camino. Y tú esta noche, sin saberlo has elegido el tuyo. Si no me crees cierra los ojos y escucha tu corazón…

Paola cerró los ojos. Al volver a la oscuridad de sus párpados, fue cuando realmente se dio cuenta de que no quería regresar nunca jamás allá abajo.

Como si estuviera planeado, amaneció en ese mismo instante. Fueron ocho largos segundos lo que tardó el primer rayo de sol golpeaba la superficie terrestre. También fue lo que tardó ella en darse cuenta de lo que quería. Sonrió.

—Hay veces que no nacemos donde realmente nos corresponde —explicó la vieja bruja —. Pero es nuestro deber ponernos en el lugar adecuado si queremos dar lo mejor de nosotros mismos, y tu lugar Paola, es este bosque.

La niña emocionada se acercó a la ventana y la abrió de par en par  para dejar que la calidez del sol inundara su rostro.

— ¿Por qué ha dicho antes que yo era una profecía? —preguntó Paola sin ni tan siquiera mirar a la bruja que salía disimuladamente por la puerta de la cabaña.

—Eso querida, lo tienes que descubrir tú —comentó la anciana antes de marcharse para siempre.

Relato publicado en Falsaria: http://www.falsaria.com/2014/08/la-guardiana-del-bosque/

Basado en Paloma L.

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