Limpiezas de primavera

Estoy de acuerdo con Doña Matilde cuando nos dice que las limpiezas son una labor dura a la vez que reparadora.

Pero esta limpieza es de primavera y  la primavera es dulce, colorida y feliz. También podemos decir que la primavera trae alergias, nos hace llorar y enfermar con sus cambios de grados…

Como veis, no consigo posicionarme. Solo puedo esperar que esta caja de casetes que voy a tirar, la recoja alguien y que los zapatos viejos se abandonen en algún lugar. Hoy en día, pocos quieren ponerse los zapatos de nadie.

Tengo esperanzas de que las antiguas joyas destellen bajo el sol de mayo. Quiero que estas historias que  nadie vio en su tiempo, ahora sean parte de nuestras paredes.

Debería tirar estas cartas que solo me recuerdan que nunca estuvimos juntos, pero me da miedo dejar de sentir algún día, así que de nuevo al escondite. Para el año que viene.

Preparar bolsas de ropa manchada de memoria y lanzarlas lejos. Vaciar cajones de nostalgia con olor a playa. Achicar de recuerdos, las esquinas llenas de cachivaches y tirar por la ventana, tardes de conversaciones.

No paro de estornudar, supongo que se me olvida algo.

Doña Matilde solía decirnos que los amores se guardan en los rincones más oscuros del alma. No se explica, se guarda y se sufre. Ella no llegó a casarse pero amó más que todos. Tanto, que ahora yo creo que ya no puedo amar.

Y vuelta a estornudar. Malditas alergias, Doña Matilde.

Los últimos suspiros de una tarde de limpieza, animada y floral, me recuerdan que aunque no pueda amar, vivo enamorada. Y antes de acabar, dibujado entre las últimas pelusas y rayos efímeros, me miras suplicante (¿o es ausente?) desde el universo de las cosas marchitas.

Todavía no sé qué hacer contigo.

Si abocarte con crueldad a esa caja de casetes o incluirte en las bolsas de ropa. Si lanzarte por la ventana, como nuestras tardes de conversaciones, o dejarte en el escondite junto a las cartas. También puedes ser un firme candidato al amor de verano, o también al amor de mi vida. No lo sé.

Doña Matilde diría que pase lo que pase, hasta el fin de los días, en ese rincón oscuro de mi alma, vas a vivir.

Debo de ir acostumbrándote, entonces.

"En ese oscuro rincón del alma..."
“…En ese oscuro rincón del alma, siempre en primavera”

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