De cómo es difícil ser distinto

Hay una especie de rayo de luz naranja muy fino que cae de una forma oblicua entre las aguas de un lago oscuro. A su lado hay un robusto roble que lleva descansando en el mismo sitio durante unos cuantos siglos y que también roba parte de ese rayo de luz. Un pájaro vuela de una rama a otra y te parece que deja una estela, también naranja.

La brisa del viento del norte está trayendo consigo un cambio de época muy interesante en el que te planteas, como los árboles cuando desechan sus hojas, que qué cosas hay que quitar de en medio. ¿Las puedes suprimir? ¿Es necesario? Ahora que se acerca el invierno y la naturaleza se muere (o se duerme) para despertar en unos meses, hay que coger esos frutos que la ardilla se está llevando a su madriguera. Hay que cavar bien hondo, como hacen esas hormigas que recolectan también sus enseres.

 

Cavar bien hondo… ¿pero allí está esa luz naranja?

 

El aire huele a mandarinas, dulce, castañas y a frío. Y esa dichosa luz naranja se va apagando como si fuera una hoguera a altas horas de la madrugada en un bosque muy denso. Lento, muy lento. Casi tan lento como el corazón que se está preguntando con quien compartir ese atardecer tan especial del solsticio y que si alguien más se va a parar a mirarlo con esa magia.

Es que hoy tenemos prisa…mucha prisa.
atardecerbosque
Y ahora… ¿a quién leches le cuento yo esto?

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