De cómo afrontar un punto de inflexión

Y lo que tenía que pasar, pasó. La salida de la zona Dos Cero Uno Seis se produjo. Ya era hora. 

La salida fue una explosión de colores bellísima. Caroline y yo estábamos muy cansadas pero felices de poder seguir avanzando en los entresijos del espacio.

 

Cómo os he intentando explicar en varias ocasiones, y de paso yo entenderme un poquito más en cada ocasión, en el universo a veces podemos estar en varios sitios a la vez. Y eso es la leche. En este último año terrestre Caroline y yo hemos doblado el espacio tiempo varias veces consiguiendo salir de la zona Dos Cero Uno Seis, que en su día era tan bella, y comprobando que existen quizás sitios más sanos en los que alojarse en este instante.

Así que tras mucho recalcular rutas y demás, hemos salido disparadas hacia una nueva aventura. Dos Cero Uno Seis ya no es un espacio seguro. Tendremos que volver algunas veces porque aún queda papeleo y demás historias legislativas espaciales, pero el asunto es que en corazón y alma, hemos dejado de pertenecer a esa zona. 

 

El verano terrestre nos ha servido de mucho: hemos cambiado aspectos externos de la nave, nos hemos metido en misiones chungas, hemos conocido a personas increíbles, hemos descubierto actividades cósmicas nuevas, hemos empezado una serie nueva en Netflix que se llama Brooklyn nine nine que nos hace vivir y reír. Han cambiado cosas del Planeta Natal. Eso último es muy fuerte. No sabemos muy bien qué ha pasado exactamente para que las cosas se muevan en esa zona de movimientos tan lentos que parecía muerta, todavía estamos estudiándolo. Todo parece indicar que tiene que ver con los movimientos de Caroline por el espacio, de alguna forma nuestros desplazamientos han creado vibraciones positivas en el origen.

 

En fin, hay dicha en la nave. Estamos felices y seguimos construyendo en el futuro que queremos lograr y ser la persona y la mente que queremos ser para enfrentarnos a lo desconocido.

 

La época estival terrestre se está volviendo oscura un año más, ya nos estamos preparando para el frío y el “volver a empezar” tan cansino de los anuncios de “vuelta al cole”. En el fondo nos gustan. Es una época azul llena de toques cítricos que dan energía. Después todo se vuelve naranja y es momento de tomarnos unas buenas castañas, mandarinas y como no, esa sopa de lenteja roja y calabaza que mi tía, la Bruja de la Espiga, nos enseñó con tanto amor. 

 

¿Ahora veis eso de estar en varios universos a la vez, verdad? 

 

Quereros mucho. Poneos delante. Arriesgad. Sufrid. Y aprended, por favor.

 

Aquí estoy. Me escucho y os escucho.

 

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Cuenta la leyenda de la felicidad desde tus propios labios, tripulante.

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