De cómo vaciar la nave de escombros

Mira la verdad es que me he negado a mandar noticias hasta que el invierno entrara definitivamente en el Hemisferio Norte del Planeta Natal. ¿Porqué? Pues mira es que las cosas por aquí han estado liadísimas (de guay) y hay veces que se necesita reposar esa sopa de lentejas rojas y calabaza tan buena que hace mi tía desde su bosque mágico. Disfrutar de esta época en todo su esplendor, nenis.

 

He tomado mucha sopa este otoño. Y mira que ha habido días de calor, días helados… todos mezclados sin sentido, pero al fin se ha resuelto el camino. Hemos hecho limpieza de otoño… Y si no existe, nos la hemos inventado nosotras.

 

Todo empezó cuando una especie de BAINI se empezó a aparecer espacio-temporalmente en nuestro camino más de lo que debiese. Era rarísimo, la verdad. Y mira que Caroline y yo estábamos muy onfire siguiendo una ruta bastante marcada y expuesta a errores también, ¿eh? Que hemos aprendido mucho en los Consejillos a navegantes

Bueno que eso, que estábamos recorriendo nuestra rutita y la dichosa grieta interestelar venga a aparecer, hasta que en un momento dado, circulando a mucha velocidad por una galaxia Espiral M31 (Andrómeda, vaya) Caroline lo sugirió en chiquitito: «… ¿y si la atravesamos, jefa?».

 

Casi me da un infarto. Todos conocemos ya el tema de meternos en heridas interestelares ajenas… pero si se aparecía tanto, lo mismo es que esa BAINI era nuestra. Todos tenemos grietas que atravesar y no hay un momento perfecto para hacerlo, la verdad.

 

Era dorada con destellos blancos. Brillaba muchísimo. Ni siquiera os puedo describir el pánico que sentía ante la idea de atravesar aquella cosa reluciente. Caroline y yo estuvimos cerca de un mes terrestre intentando llevar el plan a cabo. La nave estaba bastante desestabilizada. Hasta que un día, en el que la BAINI ni siquiera estaba a la vista, solo deseamos con mucha fuerza que apareciera.

 

A veces los sueños se cumplen en el universo. Allí estaba.

 

La atravesamos. Y desde el primer momento en el que apretamos el acelerador, comenzamos a sentir como la nave dejaba de pesar más y más y más… 

La luz dorada inundó los sistemas, y ¿sabéis qué? Nada ha cambiado, pero a la vez todo es diferente. Nuestra ruta y nuestra constancia en recorrerla sigue siendo la misma, pero ahora la nave pesa mucho menos. Todos los escombros en forma de miedo que arrastrábamos se quedaron atrás, volatizándose, y convirtiéndose en mariposas galácticas. Y todo porque decidimos atravesar esa puerta maldita que nos daba tanto miedo.

¿Estamos listas ya para atravesar la siguiente prueba del cosmos?

Yo creo que sí. Un voto de confianza para nosotras, el espacio sigue siendo solitario por aquí arriba.

Saluditos espaciales prenavideños.

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No hay consuelo antes de enfrentarte a lo que más miedo te da. Ahí está el punto, hermano.

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