De cómo entender el amor y las ondas gravitacionales: una teoría estructural

Justo llego tardísimo a las celebraciones del frío. Ya estamos más en la llamada «etapa azul» ese momento en el que todo es difícil, agonioso y costoso. Los inicios de los tiempos. Donde apenas se ve y las sombras se puede palpar sin sentir demasiada vergüenza porque no se conocen.

En esas estábamos de paseo por el ancho cosmos cuando Caroline y yo nos topamos de casualidad con el Capitán Roger y durante una cena estelar nos habló de su teoría estructurada sobre la relación entre el amor y las ondas gravitaciones. Dicta así:

 

«(…) muchas veces se introducen dentro de las trayectorias objetos interestelares ajenos a nosotros, también considerados como basura espacial. En muchas ocasiones, dependiendo de qué tipo de objeto sea, estos nos pueden hacer cambiar de rumbo, al menos momentáneamente, mediante una colisión. Eso no nos quita que nuestra trayectoria sea la que debe ser. 

De igual forma, en el amor, pueden haber muchos objetos interestelares capaces de agredirnos en nuestra trayectoria y sacarnos de nuestro camino principal, pero al final el universo es más sabio y te hace reconducirte en tu camino».

 

No muchos viajantes conocen la faceta espiritual de mi colega Roger, y os aseguro que se pierden a uno de los mejores filósofos del cosmos. Ya veis que cosas tan dispares es capaz de hilar.

Pocos días más tarde, me crucé con el Tripulante A de la Ciudad de la Navidad, cerca del Planeta Natal. Las navidades terrestres y sus entresijos… 

El Tripulante A no había sido nunca de mi agrado. Típico chulito del fondo de microondas, demasiado joven, locuelo, sin miedo… Esta Navidad conocí la parte más anciana del Tripulante A de la Ciudad de la Navidad. Y joder, vaya sorpresa.

Él no puede ir a su Planeta Natal, está completamente vetado. Es un viajero solitario. Un viajero solitario de verdad. Su planeta existe, pero simplemente no puede ir. Tampoco me dio muchas más explicaciones.

Al igual que pocas personas conocen al Capitán (filósofo) Roger, estoy segura de que casi nadie conoce al Tripulante (héroe) A. Tampoco vosotros iréis mostrando vuestra parte oscura de la luna a cualquiera, claro. Es demasiado peligroso, o eso nos han enseñado.

 

En cualquier caso, como no sabemos qué hay detrás de los múltiples cascos de astronauta que vemos al día, mejor sé amable. No sé, no es tan complicado. Ponerse en el lugar del otro ya se está convirtiendo en un ejercicio de campeonato. Intentemos solo ser amables, y recordad: si un objeto colisiona y te agrade, tranquilo. El Capitán Roger dice que el universo te vuelve a poner en tu ruta predestinada. El Tripulante A de la Ciudad de la Navidad lo tiene claro.

 

¿Tú lo tienes claro?

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El Capitán Roger haciendo cálculos increíbles en mitad de una masa oscura muy tocha.

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